jueves, 8 de mayo de 2008

Mundando



Narraciones orales, poemas épicos, biografías, haikus, novelas, películas, cortos, spots, microrrelatos, cuadros, posts, tapices, leyendas, canciones populares...los caminos de la expresión son inescrutables.

¿Por qué nacen y mueren? La necesidad es un comienzo apoteósico y la moda una enfermedad mortal frívola. ¿Dónde está la poesía?

Los poetas y los lectores de poesía son como cucarachas que han sobrevivido a un bombardeo, con su presencia inadvertida, sus pasitos cortos pero constantes y su capa de polvo de escombro. ¿Por qué la poesía es el reducto de los ñoños y los pedantes?

¿Lo es?

Supongo que las tendencias históricas marcan la forma en la que se "consume" arte. Pero si estamos en la época de la brevedad, de la esencia en frascos chiquititos, como los eslóganes, los ese eme eses, o los microrelatos, ¿por qué no la poesía?

Recientemente otorgaron el premio Cervantes a un poeta argentino, Juan Gelman. Yo nunca he leído poesía más que por voluntad ajena -de los profesores- o fuerza de voluntad - los "esto habrá que leerlo porque hay que leerlo"-. Y resulta que Gelman me hace gracia. Que tiene bajo su capa de polvo un brillo de modernidad. Y me engancho. Y como soy de la generación de los niños hiperestimulados, en lugar de ir a la biblioteca a por un libro, me leo sus poemas en internet. Y luego de golpe me invitan a acudir a una actuación en la que se recitan poemas de otro argentino (un tal Oliverio Girondo), y luego me leo poesía post-poética de Agustín Fernández Mallo (si no habéis visto sus gafas de pasta en la prensa reciente, promocionando su Nocilla Experience, prometo asombrarme).

Y resulta que me pregunto por qué no nos gusta la poesía, y me respondo que es que no lo sabemos. Sabemos qué tipo de cine le gusta a nuestros compañeros de curro, y si leen habitualmente o no; y si, de leer, leen novelitas de papel reciclado o se compran bestsellers con cubierta ilustrada, o llevan libros arrugados en el bolsillo; y sabemos qué grupos le gustan a los que acabamos de conocer, porque se lo vemos en el pelo o en las camisetas. Y lo cachondo es que dicen "me flipan sus letras".

Pero no sabemos si alguien lee poesía.

Así que he decidido dos cosas. Una, que voy a tenerle a la poseía la paciencia que le tengo a otros géneros; y dos, que voy a invitar a todo el que se deje a confesar si leen poesía o si recuerdan haber leído algo que les gustara.

(Quien queira definir "poesía", que se lance. Yo no me atrevo)

Empiezo yo con una respuesta evidente. Un poema extraído de Mundar (verbo), la próxima publicación de Gelman. Me mola su gramola.

¿Qué se sabe?

Del poema, nada. Llega, tiembla
y raspa un fósforo apagado.
¿Se le ve algo? Nada. Tiende una
mano para aferrar
las olitas de tiempo que pasan
por la voz de un jilguero. ¿Qué
agarró? Nada. La
ave se fue a lo no sonado
en un cuarto que gira sin
recordación ni espérames.
Hay muchos nombres en la lluvia.
¿Qué sabe el poema? Nada.

Una tarea para el que quiera: dadme un poema que os guste. Pero de verdad. Como las salchichas de canicería, una canción de Tool o las cosquillas en la espalda. Y si no lo tenéis, buscadlo.

9 comentarios:

Vienna dijo...

Lo confieso, no leo poesía. He leído, no mucha (aunque más que muchos), pero habitualmente no leo. De hecho, hace aproximadamente un año que lo único que leo son ensayos de lenguaje y narrativa audiovisual y manuales técnicos de cine y vídeo... una pena de vida literaria.

¿Por qué la gente no lee? Pues sencillamente porque a la lectura hay que dedicarle un tiempo precioso en el que podríamos hacer otras muchas cosas como dormir, salir de fiesta, ver una peli o echar un polvo. Es triste, pero así es, la lectura no ocupa un lugar prioritario en la vida de la mayoría y, en muchas vidas, no ocupa absolutamente ningún lugar.

¿Y por qué no leemos poesía? Más sencillo, no la entendemos, no estamos acostumbrados. El relato corto o la poesía requieren un esfuerzo interpretativo derivado justamente de su brevedad que, o no queremos, o no sabemos hacer.

No es que no haya novelas que requieran un esfuerzo interpretativo, que claro que las hay, es que esas tampoco las leemos. Pudiendo leer tranquilamente durante un año las 95745743 páginas de Los Pilares de la Tierra, para qué vamos a dedicar viente minutos a leer y releer un poema hasta que lo entendamos. Y es que el primer día lo mismo tardamos veinte minutos, o una hora, y no entendemos nada, pero después de cien poemas, seguro que ya todo va cobrando sentido.

Pero es difícil, porque requiere un esfuerzo, y la generación de niños hiperactivos y carentes de intereses no quiere saber nada de esfuerzos. Los esfuerzos los hacen los pedantes y para ellos creemos que está escrita la poesía.

Personalmente, leer poesía me cuesta, me parece un género tan interesante y accesible como otro, pero no le he dedicado el tiempo suficiente a lo largo de mi vida, y mira que lo he tenido fácil con la familia que me ha tocado ;P Y ahora que ha salido el tema, me lo he vuelto a plantear y me ha dado mucha rabia, así que, en cuanto disfrute de mis vacaciones pagadas por la seguridad social y tenga la mente receptiva y relajada, intentaré retomarla, por qué no?

Vienna dijo...

Por cierto, la elección de Gelman genial, de él sí que he leído algo :)

Una poesía que me gusta... Pues ahora aquí en frío no se me ocurre nada brillante así que, aunque sé que es de lo más típico y trillado, me gustaría que releyéramos Las nanas de la cebolla, de Miguel Hernández, un poema que me parece tremendamente emocionante y que quizás porque tengo unos días raros, hoy me estremece más que antes.

Ahí va:

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar
cebolla y hambre.

Una mujer morena
resuelta en lunas
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete niño
que te traigo la luna
cuando es preciso.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

Desperté de ser niño:
nunca despiertes.
Triste llevo la boca:
ríete siempre.
Siempre en la cuna
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho:
él, triste de cebolla,
tú satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.

John McClane dijo...

Creo que soy el que menos puede opinar sobre poesía, en mi vida habré leido dos poemas, quizas tres, y no logro recordarlos. El problema está en la cuadriculación en la que nos sumergimos (yo el primero) en leer aquello que es fácil, accesible, o está de moda.
QUizas la poesia no está de moda o siempre lo ha estado pero para aquellos que saben leerla e interpretarla, yo no sé, lo confieso, se me hace dura y difícil quizas por ello no he tenido el valor, ni le ha puesto el esfuerzo suficiente para leerla.

No morirá ni mucho menos pero si que es cierto que se mantendra escondida bajo escritos mundanos y que no te llevan a nada. Me declaro uno de tantos que tardó un año en leerse las 1128 páginas de Los pilares de la tierra, quizas por no complicarme y por no querer plantearme leer otra cosa.

Hoy aquí ante vosotros prometo intentarlo, acercarme a ella y no dejar de intentarlo aunque me pueda costar y es que si no hacemos esfuerzos que merezcan la pena los años trascurriran sin alicientes.

Vienna dijo...

Parece que fue sacar el tema y ponernos a prometer y TOMA TOMATE, ayer estuvimos John y yo unas horillas pasando poemas de poetas argentinas de los 80 para hacer un hermoso anexo tesino.

Comprender y pararnos a disfrutar, nada de nada, pero como primer contacto con la poesía no está nada mal!

Enhorabuena por el depósito Akire!

Vienna dijo...

He recordado un poema que me encantaba con 14 ó 15 años y que, después de diez años, me parece un poco cursi... pero que me gustaría colgar por la cosa de compartir viejos tiempos con vosotros, mis bloggeros favoritos conocidos después de adolescente (menos tú Akire!).

Es del granadino Luís García Montero:


DEDICATORIA

Si alguna vez la vida te maltrata,
acuérdate de mí,
que no puede cansarse de esperar
aquel que no se cansa de mirarte.

mrubio dijo...

vienna, una reespuesta a tu´último comentario, por rubendaríos:

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...

Para tí y tu estrofa.

Vienna dijo...

Con todos mis respetos aL grande de Rubén, me acabo de deprimir con el poema. Es sorprendente como el significado de las mismas palabras puede cambiar con el tiempo...

Mínimo, la próxima vez dedícame algo que no me hunda, que estoy mu sensible!

Muackis!

mrubio dijo...

mil disculpas, no era mi intención. Otra cosa que tiene la poesía es que cada uno lee lo que le peta. Yo lo que intentaba decir con el poema prestado es que a nuestra edad estamos ya en un lugar en el que nos acordamos de cosas que nos conmovían, pero ya no nos conmueven, y nos empiezan a importar cosas que no sabíamos que nos podían imoprtar. Eso había leído.
Sorry, again.

Vienna dijo...

Jejejeje, no si me encantó tu entrada, es sólo que pensar en ese cambio que estamos viviendo estos años me pone melancólica, pero nada más, no te disculpes por eso!

Muack!