Pintor, fotógrafo, creador de objetos y videocreador surrealista, Man Ray, uno de los artistas más prolíficos del siglo XX, dejó trás de sí algunas de las imágenes más sensuales de la historia de la fotografía.
Estudió fotografía en Nueva York con Alfred Stieglitz y en Europa conoció a Marcel Duchamp, Tristan Tzara, Jean Cocteau, Max Ernst... y otros muchos autores vanguardistas que le ligaron al Dadá y al Surrealismo rápidamente. A pesar de todas estas influencias, Ray ha mantenido un estilo personal, a medio camino entre la pintura y la fotografía, que le ha valido un reconocimiento internacional indiscutible.

Él mismo confesaba en algunas entrevistas que se sentía pintor y que compró su primera cámara fotográfica para hacer buenas reproducciones de sus obras. Aunque utilizó la fotografía principalmente como modo de supervivencia, también realizó interesantes trabajos personales, entre los que me gustaría resaltar esta emocionante fotografía del cuello de Lee Miller, alumna y amante suya a principios de los años 30.
A pesar de que ténicamente no es una fotografía muy destacable, es una imagen que siempre me ha gustado. Y es que ese cuello tenso e interminablemente largo, abstraído del cuerpo, transmutado en una forma indefinida con una intensa vida que le permite emerger de un espacio negro y opresivo, no ha dejado de sorprenderme y emocionarme desde el primer día que vi la imagen.
Aunque en muchas ocasiones las buenas ideas se pierden por una técnica pobre, creo que la genialidad de Man Ray le permitió superar el déficit técnico de esta fotografía, que todavía hoy consigue ponerme el vello de punta.
¡Qué obra nos habría dejado Ray si se hubiera sentido fotógrafo!
"Pinto lo que no puede fotografiarse y fotografío lo que no deseo pintar", Man Ray
"Crear es divino, reproducir es humano", Man Ray
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